Felicidad es querer lo que hacés

Hoy aquí, primer post de esta nueva etapa, quiero invitarte a pensar en el sentido de tu trabajo, mientras en IGTV podrás conocer el sentido del «GACH» de Eureka: mujeres que transmiten su convicción en lo que hacen. 

Queremos inspirarte, animarte, mostrarte cómo y por qué vale la pena hacer lo que sentís que va contigo: para querer lo que hacés. 

Estarás haciendo un gran aporte a tu bienestar (que implica felicidad). 

El trabajo con Sentido

Podés trabajar por el dinero, porque necesitás vivir y punto.

Podés trabajar con motivación, porque tenés una carrera y te sentís a gusto con lo que hacés.

Podés encontrar un sentido a tu trabajo, y hacer que el dinero y la motivación vengan de la mano.

A veces es posible tener todo, pero tal vez has pasado por un momento en que tu trabajo ha sido solo para “sobrevivir”: ni motivación ni sentido, y tareas que simplemente se hacen, por el sueldo.

O que trabajes en eso para lo que te formaste… pero no te colma.

También puede ser que tu trabajo tenga todo el sentido para vos, te motive mucho, pero no te dé el dinero que necesitás para vivir.

Puede ser que esto haya sido o sea temporal, mientras te estás preparando para algo mejor. O puede ser que estés resignada y ni se te ocurra buscar alternativas para lograr el máximo nivel de bienestar con tu trabajo.

¿Dependiente o autónomo?

Cuando trabajás en relación de dependencia, puede ser más difícil cambiar las tareas u otros aspectos del trabajo como tiempo, personas con las que te vinculás, procedimientos, etc. Es lógico pensar que existan pautas preestablecidas, propias del funcionamiento de la empresa y de las características del puesto.

Ojalá puedas estar en una de las que comprende que cada persona tiene sus propios talentos y preferencias, y podría aportar mucho más que “aquello para lo que se contrató” si puede desplegar su potencial allí.

Si no es tu caso, tal vez te resulte posible ser escuchada y al menos, plantear algún pequeño cambio o sugerencia a tus jefes que te haga sentir más cómoda. Eso estaría bueno: puede ser que tus superiores puedan establecer algún cambio en las tareas, en la dinámica, en el lugar de trabajo o en los equipos, y que eso te ayude a cambiar alguna fuente de malestar para continuar contenta con tu trabajo.

De todas formas, no es lo más común que las empresas actúen más allá de los valiosos y clásicos esfuerzos de RR.HH. para que sus empleados estén satisfechos. Pueden estar atentas a mejorar sus condiciones, pero esto no implica que tengan en cuenta las necesidades y potenciales individuales para favorecer su desarrollo: eso le corresponde a cada persona. O sea: a vos.

Podés estar bien en tu trabajo, por supuesto, y espero que sea así.

De bien a mejor

¿Pero por qué te vas a quedar con “estar bien” si podrías “estar mejor”?

¿Por qué dejar que tu motivación y tus ganas de ir a trabajar queden en manos ajenas, o en “ya es tarde para cambiar”?

Hay mucho más, más allá de las tareas, del ambiente y de las relaciones en el trabajo. Algo más profundo, y es el sentido que tiene para vos lo que hacés.

Conozco personas con muy buenos empleos, reconocidas, muy buenos salarios, buenos compañeros de trabajo… que se sienten desmotivadas, con una sensación de “algo no está bien”, ya no disfrutan tanto ir a trabajar (y no me refiero al burnout). Esas personas, probablemente, no encuentran o han perdido “el sentido” de su trabajo. Es posible que sientan que simplemente hacen lo que se espera que hagan, cumplen un horario, cobran el sueldo e interactúan con sus compañeros.

También conozco personas que tienen empleos sin “estatus” ni glamour, o no tienen un gran sueldo, pero son felices con lo que hacen. Tal vez no tengan dinero para zapatos, carteras, viajes… pero disfrutan de su trabajo. Para ellas tiene un sentido, y saben que son únicas haciendo lo que hacen, orgullosas de cómo lavan la ropa o limpian una casa, o cuidan un parque o a alguien, o hacen «eso» que saben hacer y donde ponen en juego mucho más que hacer la tarea: ponen lo mejor de sí.  

Estamos inmersas en una sociedad en la que se valora el éxito, el dinero, el reconocimiento, la estabilidad (ni hablar de la seguridad económica… mientras no te despidan, claro) y obviamente que no es fácil dejar todo eso cuando lo conseguiste.

Está perfecto que quieras cumplir esos sueños que dependen del dinero… solamente te pregunto ¿a qué precio? ¿cuánto estás dispuesta a pagar por zapatos, carteras, viajes, salidas o aplausos? ¿cuánto vale tu salud? ¿y tu felicidad?

Solamente te digo que es posible conjugar tus pasiones, tus habilidades, tus conocimientos y tus valores, en un trabajo a tu medida.

¿Si es fácil? Seguramente no tanto como continuar en tu zona de confort (que no siempre es la mejor). Pero a veces es cuestión de animarse a tomar decisiones que implican cierto riesgo.

Hoy me gustaría que te detengas a reflexionar en cómo vivís tu trabajo: cuánto te motiva, si te apasiona, si vas con ganas a trabajar, qué pensás cada día al prepararte para ir, qué pensás de tus tareas, cómo vivís tus relaciones en el trabajo… qué estás haciendo para cambiar si es lo que quisieras.

Simplemente te invito a pensar en vos, a conocerte, a escuchar tus necesidades, a atender a tu esencia, a tu salud, a dejar de lado el ego que se marea con los aplausos… y al miedo que te mantiene esperando “ese día” en el que otro te empuje con una decisión.

Tu salud física, mental y emocional tiene que ser tu prioridad. Con equilibrio. Y esto vale también para cuando tu trabajo tiene un sentido tan grande… que te olvidás de cuidarte en otros aspectos. 

Pero ese será otro post…

Lorena