En 20 años de matrimonio hay 2 personas

En 20 años de matrimonio crecemos, maduramos, cambiamos de trabajo, de costumbres, de entorno, y físicamente, claro. Es obvio que no podemos ser las mismas personas, y que tenemos que acompañar estos cambios desde la pareja para que la misma se sostenga fuerte. 

Hoy quiero contarte cómo los vivo yo, porque no todo es color de rosa aunque haya amor y «tengas todo para ser feliz».

 Los primeros años de matrimonio yo tenía mi trabajo, me sentía productiva, buena esposa y ama de casa, y además nos complementábamos en el proyecto laboral que teníamos juntos. Profesionalmente hicimos un muy buen equipo: complementarnos al 100% y apoyarnos mutuamente nos permitió crecer a la par. 

Fuimos siempre un buen equipo también como padres, y sentía el valor que tenía que yo estuviera más tiempo en casa con los niños, mientras él avanzaba en la carrera… lo cual llevó a que el proyecto juntos se disolviera, porque no me sentía preparada para la parte comercial.

Con el paso de los años, los niños crecieron, eran más independientes, y comencé a sentirme estancada, insatisfecha con lo que había hecho (y no tenia que ver con la familia de la que estoy orgullosa). No me sentía bien conmigo, de pronto me encontré con una sensación de «¿qué he hecho con mi vida?»

Si la has tenido, seguramente entiendas que no se siente bien. La frustración te lleva a ver lo negativo, a ver como insuficiente lo que has hecho bien. Si no estaba bien conmigo, no sería fácil estar bien con los demás. En una palabra: en muchas ocasiones estaría fastidiosa e insoportable! (antes también, pero por carácter nomás).

Y te confieso algo más: de pronto sentía hasta rabia porque él tenía mayor libertad financiera, más «derechos», más títulos… y yo me sentía en CERO y dependiente. Obvio que pensando y sintiendo esto, mis reacciones ante cada gusto que se hacía no eran las mejores: no porque no lo mereciera, sino por cómo me sentía yo al no lograr hacer lo mismo. Y tampoco porque yo no pudiera hacerme mis gustos, porque todo ha sido de los dos siempre. Espero que me entiendas: es un tema de cómo me sentía yo conmigo, no tenia que ver con la realidad ni con que yo fuera una desgraciada! Era por no tener esos logros a nivel personal. 

Claro que NADIE TE HACE SENTIR NADA, cada uno es responsable de lo que siente. Grabátelo!! pero ya sabemos que nuestra cabeza responde a lo que pensamos y creemos: yo me creía la inútil número uno… e imaginate cómo me sentía cuando me atacaba la desvalorización por no poder tener mis propios logros. 

Por suerte me llegó el momento Eureka… y esa parte mía se fue calmando, empecé a tener un sentido para trabajar, y me podía hacer cargo de algo por mí misma. Aunque eso no sería suficiente o generaría otros problemas, porque no es visto como un trabajo. 

Yo estaba apostando a un proyecto en el que creo, pero que parece un hobby… estaba más satisfecha conmigo misma… pero la pareja comenzó a sufrir. 

Por momentos la distancia se sentía un abismo. En realidad vamos por lados opuestos, y sentí que ya no tenía a mi compañero de ruta. No tenía a esa persona con la que nos complementábamos. Las diferencias ahora, en vez de unirnos, nos separaban. Lo que para mí era importante, para él era una pérdida de tiempo; lo que yo decía, para él tendría que callarse, mientras yo pagaba por hacer algo, él aumentaba sus ingresos… mientras yo escribía en un blog, él hacía artículos académicos. 

Se perdió la comunicación, llegué a sentirme muy sola por más que estaba orgullosa de que Eurekaonline dependía solo de mí. 

¿Cómo iba a compartir mis ideas o sueños con alguien que cree que estoy perdiendo el tiempo y que no llegaré a nada si pretendo vender libros por la web?

¿Dónde estaba la persona que conocí, que me apoyó, que me daba fuerzas, que confiaba en mí?

La verdad, parecía el fin de la pareja, y costó llegar a ponerlo en palabras… porque cuando se supone que está «todo bien» y tenés una hermosa familia, no es fácil plantearse una historia diferente. Todos queremos el final feliz, y creemos que la única posibilidad es mantenerse y no cambiar. Siempre asusta el cambio!! aunque a veces es la mejor solución.

Ahora se ve más desde lo profesional y los intereses… pero en otras etapas también llegamos a sentir la distancia, por razones diferentes: la vida cotidiana.

Puede pasar en distintas etapas

Cuando sos más joven, con hijos chicos, llega un momento en que sólo hablás de los niños, de lo que hay que hacer, del trabajo y las cuentas. Decime si no te ha pasado salir con tu esposo a cenar… y hablar de los niños solamente!! 

Se llega a una desconexión emocional con la rutina, que te aleja y puede derivar en discusiones por cualquier pavada… simplemente porque hay otras necesidades que no están siendo satisfechas: todo bien con ser padres, pero que no se pierda la chispa en la pareja!!

Nosotros hace años, en una de las crisis, resolvimos salir unos días solos, para buscar reconectar. Desde ese momento lo repetimos al menos una vez por año y se lo recomiendo a todas las parejas que puedo! No hablo de una cena o una noche romántica… eso es fácil. Por lo menos dos días, para romper el patrón de conducta que se venia repitiendo, y llegar a estar realmente con el otro. 

Un tiempo a solas en pareja es un cable a tierra que te hace ver de nuevo al otro y a los dos desde otro lugar, y esto termina favoreciendo a toda la familia. 

Como te digo, no es todo color de rosa. Pero hoy puedo decir que llego a los 20 años de matrimonio segura, sabiendo que el amor está, y aceptando que las veredas son diferentes pero pueden ir en paralelo.  

La persona que conocí está… pero cambiada, como debe ser, y como también estoy cambiando yo. 

Las diferencias están, pero estamos aprendiendo a aceptarlas, y a respetarnos. 

Y te diría que la primera que me acepto soy yo: ya no tengo miedo de lo que piense, ni me creo menos por escribir en un blog, y me estoy dando más permisos para hacerme mis gustos!

Ahora acepto que esta soy yo, y que lo que hago puede ser tan valioso como hacer un Doctorado o ser experto en un tema.

Pudimos sobrellevar varias crisis, como todas las parejas, hablando desde lo más profundo, llegando a tocar fondo y apostando una vez más. 

Pudimos ser flexibles, pudimos hacer el esfuerzo de comprender al otro, y aceptar las diferencias. Y seguro que esto será algo a ir renegociando cada vez más seguido… si queremos ser felices juntos e individualmente.

Claro que la apuesta es cada vez mayor cuando ya tenés hijos grandes, y cada vez son más los momentos de quedar sólo los dos. Estos pueden asustar y hacerte pensar en el futuro, si te das cuenta de pronto que estás con un desconocido, con alguien con quien ya no compartís intereses, ni podés hablar o compartir un lindo silencio, cada uno en su actividad. 

Lo que me gustaría que tengas para pensar hoy, es cuánto influye en la pareja cómo te sentís contigo misma. 

No es pavada lo de «si yo estoy bien todo está bien». Cuántos problemas se atribuyen a la pareja, cuando en realidad es uno de los miembros el que se siente insatisfecho, probablemente por otras áreas de su vida. Y si vos estás bien, segura contigo y te sentís capaz, serás capaz también de afrontar de la mejor forma lo que realmente no esté bien en la pareja. 

Tené en cuenta que para ser felices, tenemos varias áreas a cubrir, y el desarrollo personal es fundamental. 

Te invito a que pienses en vos, en tus tiempos, en tus sueños, en proyectos que tengas en un cajón… que empieces a prestarles más atención… y que tengan en cuenta como pareja que POR SUERTE todos cambiamos, y hay que adaptarse a los cambios para seguir fuertes… o no.  

Lorena